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Premio “MIGUEL DELIBES” 1998

     

ACTA DEL JURADO DEL PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO “MIGUEL DELIBES”, 1998.

En Valladolid, a las 18,30 horas del día 21 de diciembre de 1998, se reúne, previa convocatoria de su presidente (de fecha 13 de noviembre de 1998), el Jurado del Premio Miguel Delibes, instituido y convocado por la Asociación de la Prensa de Valladolid (A.P.V.) y patrocinado por Caja España, cuyas bases fueron aprobadas por la Asamblea General de la A.P.V. el día 22 de enero de 1996 y presentadas públicamente el 12 de abril del mismo año.

Forman parte del Jurado, (nombrado por la junta Directiva de la A.P.V., según lo estipulado en el punto décimo de las bases, en su reunión del 18 de noviembre de 1996), el Presidente de la A.P.V. D. Luis Carmelo Rincón Miranda, que actúa como Presidente del mismo, D. Andrés Amorós Guardiola, D» Blanca Berasátegui, D. Emilio Ridruejo Alonso, D. Carlos Blanco Alvaro y D. Vicente Verdú. Como secretario de actas, con voz pero sin voto, actúa D. Francisco V. Alcántara, secretario general de la Asociación de la Prensa de Valladolid.

El Jurado, tras deliberar sobre los trabajos presentados, tanto de los candidatos al Premio que concurren por propia iniciativa, como los presentados en la reunión por los miembros del Jurado, al amparo del punto undécimo de las bases, decide conceder el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, en su tercera edición, a D. Alex Grijelmo por su artículo “El lenguaje informático y viva Manitú” publicado en el Anuario de 1998 del Diario El País, por su tratamiento innovador y brillante de un problema que afecta de modo importante al uso actual de la lengua española.

Asimismo, el Jurado quiere destacar la encomiable labor cultural de divulgación de los problemas de nuestra lengua que viene desarrollando el profesor Umberto Hernández Hernández en la sección “ Notas lingüísticas” que se vienen publicando en el periódico El Día, de Santa Cruz de Tenerife.

 

Valladolid, 21 de diciembre de 1998

   

Artículo premiado
El lenguje informático y viva Manitú.

El primer mensaje de nuestro nuevo ordenador en el periódico nos dio un buen susto a quienes emprendíamos el cursillo de rigor. Por un momento creímos haber entrado en la memoria central de las fuerzas parapoliciales, nos venía al presente el pasado más nefasto del pistolerismo nacional . Aquella frase decía escuetamente: “ El comando ha sido ejecutado con éxito”.

Pronto lo comprendimos, por supuesto: igual que habíamos entrado en un mundo virtual, debíamos acostumbrarnos a un lenguaje virtual. Nos los ratificó el profesor poco después: “Ahora, minimicen ese artículo”. La verdad, ninguno de nosotros quería quitar importancia a las frases que cada cual había improvisado aquella mañana; aunque estuviéramos dispuestos, eso sí a disminuir pacíficamente su extensión en la página. Pero los matices que diferencian entre la reducción cuantitativa y la cualitativa no parecían casar con la mente plana del nuevo lenguaje que se nos ofrecía. Deberíamos ejecutar comandos y minimizar editoriales. Todos los mundos excluyentes inventan su propio lenguaje para que quienes no pertenecen a él se sientan inferiores, como lo hechiceros hacían con aquellas palabras mágicas incomprensibles que sólo ellos sabían pronunciar, no fuera que la ciencia de Manitú se extendiera a los demás pieles rojas. Se trata de algo absurdo, porque siempre llega un momento en que se descubre la farsa; pero mientras tanto para algo debe de servir el truco, a la vista de la contumacia con que se ha usado en la historia de los avances humanos.

La red mundial informática y los nuevos caminos comerciales de los ordenadores han dividido el mundo entre profesores y alumnos de una nueva ciencia. Y, como siempre, el lenguaje se convierte en un instrumento de poder. Los alumnos deben aprenderlo por que así alguien se ocupa de enseñarlo.

En cambio, la gente sufrirá incomunicaciones, pereza ante el nuevo mundo que se les abre, rechazo tal vez ya definitivo frente a las nuevas técnicas. Y la belleza de nuestro idioma sucumbirá a menudo ante la frivolidad de los ladrones de palabras, deslumbrados por cualquier expresión inglesa como los pieles rojas se deslumbraban por las invocaciones a Manitú.

Para nuestro lenguaje resultaría muy extraño que un vaso de la cocina cambiara de nombre si lo trasladáramos al cuarto de baño. El concepto vaso sería el mismo, y por tanto la palabra también. O que una letra de nuestra caligrafía personal obtuviera cualquier otra denominación si fuera reproducida por una máquina de escribir. Ó sea: la letra “ce” si la escribimos a mano y la letra “ec” si está mecanografiada, por ejemplo. De hecho, entre la pluma que uso Cervantes y la que empleo el Rey para firmar la Constitución se notan muchas diferencias tecnológicas, pero ambas responden a la misma palabra base (por mas que en la segunda no hubiera resto de ave).

En cambio, en el lenguaje informático está ocurriendo todo lo contrario. Así, lo que en cualquier otro aspecto del mundo se llama “ orden” pasa a la informática en calidad de “Comando”; lo que en otra actividad humana consiste en “copiar”, aquí lo llamamos “bajar” (casi siempre con calcos del inglés y sin la lógica del español; porque a lo que correspondería “subir” lo llamamos “cargar”). El correo y las carta del mundo real se convierten aquí en un “e-mail”; a charlar le dicen “chatear”; “ linkar” a enlazar; al enchufe que nos permite a los españoles usar en América nuestra máquina de afeitar le llamamos adaptador, pero en informática al aparato que cumple igual misión se le llama módem (modulador- demulador); a estar conectado le sustituye estar “on line”, a un conjunto de páginas lo llamamos “sitio” ( ¿Y por qué no “cuaderno”?), y lo que en la guerra sería una contraseña y en la paz una clave aquí se llama “ password”. Esto es, las palabras de la cocina no nos sirven en el comedor.

Pero en este último terreno no hace falta preocuparse demasiado. La historia del idioma castellano demuestra que al final el lenguaje se defiende de las triquiñuelas que emplea esa minoría que se cree superior.

Hubo un día en que el fútbol fue nuevo y sus iniciados hablaron del “ referee” para designar al señor del silbato que luego se llamaría árbitro, precisamente lo que era. Y escribieron “offside”, un término que, en efecto, acabaría quedando en fuera de juego y “corner”, que resultó ser un saque de esquina. El idioma español también ha sustituido “hacer auto stop” por “hacer dedo”, “baby-sitter” por “canguro”, “ skins” por “rapados”, “fingers” del aeropuerto por “mangueras”....

A menudo el genio del castellano -ese espíritu interno que anima nuestro lenguaje- rebusca en su propio diccionario para aportar palabras antiguas que coinciden en esencia con los conceptos nuevos. La voz azafata, por ejemplo, existía ya hace siglos: era la criada de la reina que le recogía la ropa en el azafate (o bandeja), raíz que dio nombre también a las azafatas y los azafatos de los aviones. La lanzadera espacial tomó su denominación de los antiguos telares, la vieja red del pescador describe hoy la inmensa telaraña informática. Pero, generalmente, los expertos en ordenadores y programas conocen pocas palabras en castellano. Y prefieren escudarse en que tal o cual término no tiene traducción , como la zorra que no alcanza las uvas pretexta que están verdes. Así, durante un tiempo empobrecemos nuestra lengua y levantamos barreras entre los sabios y quienes aspiran a alcanzar su sabiduría.

Sin embargo, nuestro idioma, -que es más inteligente que cada uno de nosotros, puesto que lo hemos formado entre todos y durante muchos años- no conoce barreras, y solo necesita un poco de tiempo para hacerse entender. Ya se verá. Mientras tanto, eso sí, los hechiceros de la tribu seguirán creyéndose muy listos.

Publicado en el Anuario de 1998 del Diario El País

GrijelmoAlex Grijelmo
Burgos, 1956
Periodista.

Se inició profesionalmente en el diario La Voz de Castilla, de Burgos, de donde pasó a la agencia Europa Press en 1977.

En 1983 se incorporó a la redacción del diario El País. En la que ha desempeñado diversos cometidos, entre ellos las jefaturas de sección de Sociedad y Deportes.

Es profesor de Redacción de los cursos de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid / El País.

La carrera profesional de Alex Grijelmo, ha estado marcada por su preocupación por la correcta utilización del idioma en los medios de comunicación.

Es autor del libro de estilo de El País, el primer periódico español que se dotaba de esta herramienta para unificar su lenguaje y sus criterios de redacción. Este interés se ha plasmado en dos libros: El estilo del periodista, Taurus, 1997 y Defensa apasionada del idioma español , Taurus, 1998.