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Premio “MIGUEL DELIBES”, 2002

     

 

ACTA DEL JURADO DEL SÉPTIMO PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO “MIGUEL DELIBES” 2.002

En Valladolid, a las horas 12’30 horas del 20 de diciembre de 2002, se reúnen, previa convocatoria de su presidente, el jurado del Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes, instituido y convocado por la Asociación de la Prensa de Valladolid (APV) y patrocinado por Caja España, cuyas bases fueron aprobadas por la Asamblea General de la APV del 22 de enero de 1996 y presentadas públicamente el 12 de abril del mismo año.

Forman parte del Jurado el Presidente de la APV, D. Luis Carmelo Rincón Miranda, quien actúa como Presidente del mismo; D. José Antonio Pascual, miembro de la Real Academia Española, D. Teófanes Egido, Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de V alladolid; María José Fernández, periodista y Directora del programa “No es un día cualquiera”, de RNE; Francisco González Forjas, periodista de RNE y corresponsal de “El País” y Carlos Luis Álvarez “Cándido”, como premiado en la anterior edición, que excusa su presencia, y delega su voto en el Presidente. Como secretario de actas, con voz pero sin voto, actúa D. Francisco V. Alcántara Martínez, Secretario General de la APV.

El Jurado, tras deliberar sobre los trabajos presentados, tanto por los candidatos al premio que concurren por iniciativa propia como los presentados en la reunión por los miembros del Jurado, al amparo del punto undécimo de las bases, decide conceder, por unanimidad, el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes 2002 a D. Juan José Millás , por su artículo “Errores” publicado en el diario El País el 11 de octubre de 2.002, “por su tierna reflexión sobre la palabra y su capacidad de integrar la gramática en la vida”.

   

Artículo premiado
Errores, de Juan José Millás

Si el mundo estuviese hecho de harina, querríamos conocer los secretos de la harina; si de huevo, los secretos del huevo; si de plastilina, los de la plastilina. Nosotros estamos hechos, sobre todo, de palabras. Cuando nacemos, alguien toma en sus brazos ese trozo de carne fresca y comienza a amasarlo con palabras. Somos niños o niñas, altos o bajos, feos o guapos, porque nos cuecen en una salsa de adjetivos, pronombres, verbos, adverbios y preposiciones. Un hombre hecho, incluso a medio hacer, es el hijo de, el novio de, el padre de, el amigo de, del mismo modo que es ingeniero o médico o mendigo, además de español, inglés o lituano. Por eso, conviene conocer el funcionamiento de las palabras con la precisión con la que conocemos el de los pulmones.

El corazón mata, pero las palabras también. Si a usted, por ejemplo, le asignan la palabra mujer, corre el peligro de perecer a manos de un marido (llevamos 38 mujeres muertas en lo que va de año). Y si le asignan el término inmigrante, tiene bastantes posibilidades de ahogarse al cruzar el Estrecho en una balsa. Vamos al cardiólogo cuando nos duele el corazón, pero no se nos ocurre acudir al gramático cuando nos duele la vida. Y hacemos bien, porque lo cierto es que cada uno debería ser su propio gramático. Acabo de comprar una novela titulada Cuando éramos mayores, de Anne Tyler (Alfaguara), cuya primera frase dice así: 'Érase una vez una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada'. No puedo decirles cómo sigue porque llevo varios días intentando digerir ese comienzo tan terrible como esperanzador.

Es cierto: a veces no eres capaz de sacar adelante el proyecto que tenías de ti y te sale un individuo detestable. Pero si dispones de los recursos verbales necesarios para darte cuenta, quizá puedas rectificar. Me pregunto si no nos habremos convertido en las sociedades y en las naciones y en los países equivocados. Y si todavía estamos a tiempo de construir una frase tan sencilla, pero tan eficaz, como la de esa novela: érase un mundo que descubrió que se había convertido en un mundo equivocado. Hay que hacer un pequeño esfuerzo sintáctico, pero vale la pena. Viva la gramática.

Juan José Millás
Valenci, 1946
Periodista
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Juan José Millás, nació en Valencia en 1.946. Con seis años, su familia se traslada a Madrid. Inició los estudios de Filosofía y Letras, en la rama de Filosofía Pura pero los abandonó en el tercer curso. Ha trabajado como marionetista, profesor, interino de la Caja Postal de Ahorros y en el gabinete de prensa de Iberia. En un principio su actividad literaria se centró en la poesía y años más tarde se interesó por la narrativa. Ha colaborado como columnista en los diarios El Sol y El Pais y es profesor de la Escuela de Letras.

Sus obras más importantes son, Cerbero son las sombras (1972), Visión del ahogado (1977), El jardín vacio (1981), Papel mojado (1983), Letra muerta (1984), El desorden de tu nombre (1988), La soledad era esto (1990), Primavera de luto (1992), Ella imagina (1994), Tonto, muerto, bastardo e invisible (1995), Algo que te concierne (1995), Trilogía de la soledad (1997) -Compuesto por El desorden de tu nombre, La soledad era esto y Volver a casa-, El orden alfabético (1998) y No mires debajo de la cama (1999, Anticuentos (2001), Números Pares, Impares e idiotas (2001)y Dos mujeres en Praga, con la que obtuvo el Premio Primavera, de la editorial Espasa Calpe. En 1990 ganó el premio Nadal por La soledad era esto y en 1999 el premio Mariano de Cavia. También consiguió el Sésamo de novela, en 1975, con Cerbero con Cerbero son las sombras