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premiado
Errores, de Juan José Millás
Si el mundo estuviese hecho de harina, querríamos
conocer los secretos de la harina; si de huevo, los secretos del
huevo; si de plastilina, los de la plastilina. Nosotros estamos
hechos, sobre todo, de palabras. Cuando nacemos, alguien toma en
sus brazos ese trozo de carne fresca y comienza a amasarlo con palabras.
Somos niños o niñas, altos o bajos, feos o guapos,
porque nos cuecen en una salsa de adjetivos, pronombres, verbos,
adverbios y preposiciones. Un hombre hecho, incluso a medio hacer,
es el hijo de, el novio de, el padre de, el amigo de, del mismo
modo que es ingeniero o médico o mendigo, además de
español, inglés o lituano. Por eso, conviene conocer
el funcionamiento de las palabras con la precisión con la
que conocemos el de los pulmones.
El corazón mata, pero las palabras también.
Si a usted, por ejemplo, le asignan la palabra mujer, corre el peligro
de perecer a manos de un marido (llevamos 38 mujeres muertas en
lo que va de año). Y si le asignan el término inmigrante,
tiene bastantes posibilidades de ahogarse al cruzar el Estrecho
en una balsa. Vamos al cardiólogo cuando nos duele el corazón,
pero no se nos ocurre acudir al gramático cuando nos duele
la vida. Y hacemos bien, porque lo cierto es que cada uno debería
ser su propio gramático. Acabo de comprar una novela titulada
Cuando éramos mayores, de Anne Tyler (Alfaguara), cuya primera
frase dice así: 'Érase una vez una mujer que descubrió
que se había convertido en la persona equivocada'. No puedo
decirles cómo sigue porque llevo varios días intentando
digerir ese comienzo tan terrible como esperanzador.
Es cierto: a veces no eres capaz de sacar adelante
el proyecto que tenías de ti y te sale un individuo detestable.
Pero si dispones de los recursos verbales necesarios para darte
cuenta, quizá puedas rectificar. Me pregunto si no nos habremos
convertido en las sociedades y en las naciones y en los países
equivocados. Y si todavía estamos a tiempo de construir una
frase tan sencilla, pero tan eficaz, como la de esa novela: érase
un mundo que descubrió que se había convertido en
un mundo equivocado. Hay que hacer un pequeño esfuerzo sintáctico,
pero vale la pena. Viva la gramática.
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Juan
José Millás
Valenci, 1946
Periodista.
Juan José Millás, nació en Valencia
en 1.946. Con seis años, su familia se traslada a Madrid.
Inició los estudios de Filosofía y Letras, en la rama
de Filosofía Pura pero los abandonó en el tercer curso.
Ha trabajado como marionetista, profesor, interino de la Caja Postal
de Ahorros y en el gabinete de prensa de Iberia. En un principio
su actividad literaria se centró en la poesía y años
más tarde se interesó por la narrativa. Ha colaborado
como columnista en los diarios El Sol y El Pais y es profesor de
la Escuela de Letras.
Sus obras más importantes son, Cerbero son
las sombras (1972), Visión del ahogado (1977),
El jardín vacio (1981), Papel mojado (1983),
Letra muerta (1984), El desorden de tu nombre (1988),
La soledad era esto (1990), Primavera de luto (1992),
Ella imagina (1994), Tonto, muerto, bastardo e invisible
(1995), Algo que te concierne (1995), Trilogía
de la soledad (1997) -Compuesto por El desorden de tu nombre,
La soledad era esto y Volver a casa-, El orden
alfabético (1998) y No mires debajo de la cama
(1999, Anticuentos (2001), Números Pares, Impares
e idiotas (2001)y Dos mujeres en Praga, con la que obtuvo el
Premio Primavera, de la editorial Espasa Calpe. En 1990 ganó
el premio Nadal por La soledad era esto y en 1999 el premio
Mariano de Cavia. También consiguió el Sésamo
de novela, en 1975, con Cerbero con Cerbero son las sombras
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